El Brazo: La Victoria mas importante de Juan Alvarado Nieves

La mañana de este 16 de Octubre de 2013 inició de manera triste y lamentable para la familia luchística al encontrarnos con la noticia del fallecimiento de Juan Alvatrado Nieves, veterano gladiador que bajo el mote de El Brazo se ganara un lugar en la memoria colectiva de la cultura popular de nuestro país gracias a su accionar en los cuadriláteros de México y el Mundo.

Mucho se ha escrito respecto a su trayectoria luchística, más queda un hueco importante y no se menciona la victoria más importante en la vida de Juan Alvarado Nieves, una que queda como legado y ejemplo de lo que fue este caballero del ring.

Segundo hijo varón de Shadito Cruz, Juan fue el tercero en incursionar profesionalmente en el mundo de la Lucha Libre, siendo su hermano Pepe quien primeramente se encargara de seguir las andanzas de su hermano mayor, Chucho, quienes desde los  70 lucharan como el Brazo de Plata y el Brazo de Oro, respectivamente.

Juan fue el tercero de los Mosqueteros del Diablo, de hecho, fue él quien completó una de las tercias más aguerridas y devastadoras que he visto trabajar en un ring, teniendo en los Villanos una rivalidad natural al encontrar en edad, número y, circunstancias, diversas similitudes que los hacian chocar naturalmente.

Juan sería el equivalente en la Diastía Imperial al Villano V, quien retrasó su debút profesional para completar la carrera de cirujano dentista, más al estar los Mosqueteros del Diablo en el lado opuesto de la moneda, el Brazo fue marcado por la tragedia, misma a la que debio sobreponerse para salir adelante.

Al ser apenas un adolescente, Juan sufrió un accidente que lo marcó de por vida, al quedar paralizado de la cintura hacia abajo, teniendo que luchar por recuperarse y dejar atrás las heridas psicológicas que más allá del malestar físico le impedían y truncaban sus planes de convertirse en luchador profesional.

Cuenta la crónica que en alguna ocasión debieron impedirle por la fuerza el que se quitara el yeso que lo inmovilizaba, mismo que rechazaba producto de la desesperación y el deseo de luchar al lado de sus hermanos.

Mucho trabajo y sacrificio requirió Juan para salir adelante y superar este trago amargo, mismo que no terminó al recuperar la movilidad en sus piernas sino la pesada rehabilitación que fue necesaria para reintegrarse al mundo de la lucha activa y lograr su sueño.

Llegaba el final de la década de los 70 y de manera modesta aparecía un gladiador llamado Johnny el Suavecito, a quien le llamaban asi por su peculiar manera de andar, y no era otro sino Juan emprendiendo la batalla de su vida, por sobresalir y seguir adelante.

Juan no solo tenía que soportar el duro estilo de vida que representa ser un luchador profesional ni lo alevoso de los castigos infringidos por sus rivales, quiens le imponían pruebas más duras por ser hijo de Shadito Cruz y hermano de los Brazos de Oro y Plata, sino que la prueba más fuerte fue superar la dureza de la afición, una afición que iba a desquitar el precio del boleto pagado y entregarse a la catársis que representa la Lucha Libre, misma que en la rudeza de sus gritos imprimía el ingenio y la crueldad que sólo quien desea ver a su favorito salir con el brazo en alto a cualquier costo es capaz de imprimir.

Discreta fue la vida luchística de Johnny el Suavecito, más importante porque ahí se forjó el carácter y la recidumbre de quien sería reconocido como el más salvaje, el rebelde, el renegado de la familia Alvarado Nieves.

Llegaba la década de los 80 y con esta la nueva moda de las tercias en la Lucha Libre, que en los relevos australianos vivía una revolución por la cantidad de combinaciones y variantes que ofrecía.

Asi era como llegaba al mundo luchístico El Brazo, a complementar la tercia de Los Mosqueteros del Diablo y a quien se le reconocería por su sanguinaria actitud, siendo capaz de hacer frente al técnico más capaz luchando a ras de lona y en base a fuerza romperle el esquema sin importar el resultado, que parecía no importarle más allá de enardecer a los aficionados y hacerlos rabiar al dejarlos impotentes ante el castigo que inflingia a sus rivales.

Sin duda alguna la experiencia de tener que considerar de manera dramática el cambiar sus planes de vida para vivir en la sombra y no como la estrella que conquistó México y Japón fue lo que marcó la psicología y desempeño de Juan sobre el cuadrilátero, lo que es un hecho es que fuera del cuadrilátero se trataba de una persona amable y cordial, que una vez superada la transformación en la bestia sedienta de sangre era alguien dispuesto a tender la mano a quien lo necesitara porque asi se le educó.

Hoy se recuerdan anécdotas, triunfos, vivencias, pero yo recuerdo la furia de alguien que debio sobreponerse a su propio destino para ser grande, no por convivir o por quedar bien con alguien, sino por amor a su trabajo y a su familia, que no es otra que la familia luchística, a quienes entregó lo mejor de si y hoy deja como legado varias enseñanzas.

Descanse en Paz, Juan Alvarado Nieves, Johnny el Suavecito, El Brazo.

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