#HastaSiempreCerati: Historias de Cerati sin Cerati

4 de Septiembre de 2014, un día triste para muchos, uno más para una inmensa mayoría, uno glorioso para aquellos que sabemos que la tristeza se ha terminado, que por fin Gustavo Adrián Cerati Clark descansa y su familia podrá llevar la pena de este deceso en completa privacidad pasados los funerales, sin estar las 24 horas del día bajo el acoso de un público que más allá de la admiración o fanatismo buscaba satisfacer el morbo y llevar algo de valor a sus vacías vidas.

Podríamos contar varias historias, como mi primer concierto de Soda Stereo, el primer disco que recibí, alguno de los conciertos que siguieron o algo de Cerati, pero no, contaremos historias más comunes y simples, pero no por ello inferiores a otras, pues tienen un carácter universal que, si se es buen léctor, se verá reflejado y encontrará algo de lo que define a mi generación.

Gran parte de la trayectoria de Cerati me fue velada hasta que los primeros sencillos de Soda Stereo sonaron en la radio mexicana, teniendo especial afinidad por escuchar el llamado “Rock en tu Idioma” a través del 97.7 de la FM, uno de los rituales ejercidos en la privacidad de mi habitación, donde entre el 100.9 y la referida estación exploraba el mundo a través de un dial.

Quizá la primer historia donde empezaba esta relación de admiración odio iniciaría el día que uno de mis primos, mayor que yo pero el más cercano a mi en edad, llegaba a casa con su corte de cabello en un estilo dequiuresco caifanesco que, según él, le hacía ver como una especie de Saúl Hernández Smith, ensalzando su admiración por los Caifanes, por lo que mi espiritú gandalla me obligó a hacerle la siguiente observación: “Entonces, ¿Eres fan de la copia de una copia?”.

Luego después, habiendo encontrado en el llamado “Rock en tu Idioma” un nicho en el cual reflejarme dentro de la lírica musical que escuchaba tanto en inglés como en español, llegó un día en el que justamente cumplí años y en el transcurso del mismo todo salió a pedir de boca: Hice un par de touchdowns, metí unos cuantos goles más, por dificíl que pareciera no me metí en problemas en la escuela y no es que no lo hubiera buscado. Para rematar, durante esa época solo uno de los autobuses de la escuela funcionaba, por lo que parecía que nos transportábamos en un camión suburbano y la batalla por los lugares entre los entes de 1° a tercer año de secundaria se reducía a las zonas delimitadas para cada generación. Afortunadamente y por azares del destino, en ese día nublado, los grados superiores tuvieron una actividad que requería de más tiempo en la escuela y para mayor suerte, sólo una quincena de pubertos tenía el camión para ellos solos, por lo que como buen gandalla, me apañé el lugar del fondo junto con mis amigos. Me sentía féliz y quería cantar algo, por lo que, sabiendo que al llegar a casa me esperaban algunos presentes y más felicitaciones, el camino a Ricarte lo pasé tarareando Cuando pase el Temblor, pues el cielo gris ese día se asemejaba mucho al mostrado en el vídeo de esta canción.

Poco menos de una década después vendria el clímax de mi aversión por Soda Stereo, pues el tren del mame estaba en su máximo punto: TODO MUNDO AMABA A SODA STEREO. Sin importar que tanto se deleznara el Rock Mexicano, ante la ausencia de los Caifanes y Héroes del Silencio,  todo la admiración, respeto, tiempo y, reitero, mame hacia el rock en español giraba en torno a Soda Stereo. Todo mundo era bien rocker, aún no de manita cornuta, pero la admiración a Soda Stereo le daba esa sensación, aún cuando le valiera madre todo lo demás.

Como muchos en esa época y durante toda la vida, se terminaba una banda y armaba o me integraba a otra, por lo que los covers no podían faltar, y si algo iba en español debia incluirse a Soda Stereo en el set. Nunca pude entonar una canción de estos como Dios manda. ¿Porqué?, era como una especie de anticipo de lo que llegaría con el nuevo siglo: Comunicación sin emoción era lo que encontraba en esos rostros. El Rock dejaba de ser Rock, pasaba de ser una experiencia colectiva a ser un mame masivo, intenso, en el que lo de menos es quien toque o que haga, lo importante en los años posteriores sería decir “Yo estuve”, “Yo vi”, “Yo escuché”, sin importar que o quien.

Hacia los dos miles ya me encontraba en pleno, ejerciendo mi carrera de Administración de Empresas, habiendo traicionado un sueño y, tras ese desengaño, me permití soñar con aspirar a una supervisión, gerencia y labrar el camino que me pusiera en camino a ser Director de Área en alguna multinacional. Que equivocado estaba, pues aunque muy válido, ese sueño no era el mio, por lo que me avocaba a escuchar música y recopilar cuanta versión extraña encontrara en la red. Siempre fui un bicho raro, pero nunca me sentí tanto en esa época como el día en que llegaba mi primo y me regalaba 11 Episodios Sinfónicos diciendo “A mi no me gustó, está muy de hueva, ¡Quédatelo!, tú tienes gustos raros y seguro le encontrarás el chiste a esto.” ¿Qué Diablos?. La única canción del Cerati Solista que definitivamente me gusta es la de Cosas Imposibles. Creo que de alguna forma, mi primo cobró venganza, 15 años después, con el instrumento más cercano al que yo utilicé en aquella época.

Uno de mis mejores y más cercanos amigos me cuestionaba el porque no iba a la última presentación del “regreso” de Soda Stereo en México, pues si bien sabía de mi apatía hacia la fanaticada que como hierba se multiplicó hacia la segunda mitad de los 90, me reiteraba que venían tocando “muy chingón”, pero al igual que sucedería con Héroes del Silencio, le indicaba que “Los regresos de esa manera, sin nada nuevo que ofrecer, son solo para hacer dinero y sacarlo de aquellos que habiendo tenido la oportunidad de verlos en sus momentos de gloria no lo hicieron.” Quizá un tanto cruel el comentario, pero así es esto, con el perdón de las nuevas generaciones.

Llegaba el momento de hacer la trancisión de “Especialista en Lucha Libre” a hacer eso que llamamos “Periodismo Rock” y una noche´, saliendo de hacer mi programa, ya de regreso a casa, me llama Juan Carlos Soto “Cacho” para preguntarme si podía cubrir su turno de la mañana al siguiente día pues le había surgido un compromiso familiar, y al no tener nada que hacer ese día le dije “Va”. Eventualmente, la verdad salió a la luz, pues el #$%& Cacho se había ido de pinta ni más ni menos que a la conferencia con Gustavo Cerati, donde presentaba Fuerza Natural a la prensa mexicana. Las fotos de ese día me transmitían una sensación de arrogancia, similar a la de cuando Soda Stereo dominaba el mundo, y entre los fans, más allá de admiradores, veía a una especie de cultistas que lo percibían como una figura sagrada, mítica, a la que expresar algún pensamiento contrario a su ideología significa lo que los católicos califican como blasfemia o herejía.

Desafortunadamente, para todos esos cultistas, su dios se acercaba al Olimpo que anhelaban tan solo unos meses después, pues a consecuencia de un accidente cardiovascular Gustavo Adrián Cerati Clark entraba en un coma del cual ya nunca saldría.

Apenas unos días después de este trágico suceso del 2010, las redes sociales se volcaban anunciando la muerte de Cerati, justo al terminar mi programa por lo que, el chaval que seguía despues de mi, iniciaba su turno anunciando esta nota, por lo que pedí abriera el micrófono y que mantuviera la calma, pues no había confirmación oficial de algún medio en Argentina, así, durante la primer canción, realizamos el ritual que hoy, 4 de Septiembre del 2014, poco antes del mediodía , repetí: Revisar las redes sociales oficiales de Gustavo Cerati, su familia y las de El Clarín de Argentina, pues ante la ola de rumores, a la distancia, solo de ahí podriamos obtener la información oficial. Cerré mi intervención en su espacio pidiendo que se respetara a la familia y no nos dejáramos llevar por rumores infundados, pues a partir de su internamiento y su estado comatoso, lo que vendría despues sucedería al interior de su familia y como familia les correspondería hacerlo publico.

Así pues, iniciamos este día con un deja vú, más esta mañana las noticias fueron diferentes y ya nunca más lo vimos volver.

Respeto.

A la memoria de Gustavo Cerati, su legado y su historia.

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